Sigmund Freud

Sigmund Freud

Creador: Select paragraphs or text to compose your article.

El Idilio Peligroso: Freud, la Cocaína y la Sombra tras el Psicoanálisis

La historia de Sigmund Freud está indisolublemente ligada al diván, al inconsciente y a la sexualidad. Sin embargo, uno de los capítulos más fascinantes y controvertidos de su vida, que a menudo se simplifica o se pasa por alto, es su intensa y prolongada relación con la cocaína. No fue un mero coqueteo juvenil, sino un período de investigación apasionada, automedicación y promoción ferviente que dejó una marca indeleble tanto en su vida personal como, posiblemente, en la misma estructura de sus teorías.

Para comprender esta relación, hay que despojar a la cocaína de su estigma actual y verla con los ojos del siglo XIX: una «droga mágica» y moderna, un producto de alta tecnología farmacéutica prometido por compañías como Merck y Parke-Davis como una panacea para todo, desde la melancolía hasta la indigestión.

El Descubrimiento: Una Búsqueda de Fama y Alivio Personal

A principios de la década de 1880, Freud era un joven neurólogo ambicioso pero frustrado. Atrapado en un trabajo hospitalario sin futuro y con escasos recursos económicos para casarse con su prometida, Martha Bernays, buscaba desesperadamente un descubrimiento que le catapultara a la fama y la fortuna. Fue entonces cuando leyó sobre los experimentos de un médico militar alemán que usaba cocaína para aumentar la resistencia de las tropas. Intrigado, Freud consiguió una muestra de Merck y comenzó a experimentar consigo mismo.

Los efectos fueron una revelación. Freud no solo buscaba conocimiento; buscaba alivio. Sufría de depresión crónica, inseguridad social y dolores físicos recurrentes debido a problemas nasales. La cocaína pareció ser la solución milagrosa a todo ello. En sus cartas a Martha, la describía con un fervor casi poético:

«Si todo va bien, escribiré un ensayo sobre ella y esperaré que gane su lugar en la terapéutica, junto a la morfina y superior a ella… Tomo dosis muy pequeñas contra la depresión y la indigestión, con el éxito más brillante.» (Freud, 1884, citado en Byck, 1974, p. 57).

Este «éxito brillante» lo llevó a publicar su famoso tratado, «Über Coca» (Sobre la Coca) en 1884. En él, la elogiaba como un anestésico, un tratamiento para el asma, un antídoto contra la adicción a la morfina y, sobre todo, como un potente antidepresivo y eufórico.

La Promoción y la Tragedia: El Caso de Fleischl-Marxow

Convencido de haber encontrado la cura para muchos de los males de la humanidad, Freud se convirtió en el principal evangelista de la cocaína en Europa. La recetaba a sus pacientes, la recomendaba a sus amigos, colegas y le enviaba a su prometida para que se sintiera «fuerte y salvaje».

Sin embargo, su entusiasmo lo cegó ante los peligros que se avecinaban. El punto de inflexión fue la trágica historia de su amigo y mentor, Ernst von Fleischl-Marxow. Un fisiólogo brillante, Fleischl-Marxow sufría de un dolor neuropático atroz y era adicto a la morfina. Freud, con las mejores intenciones, le administró cocaína para curar su adicción. El resultado fue catastrófico. Fleischl-Marxow no solo no se curó, sino que desarrolló una psicosis cocaínica severa. Sufría de delirios paranoicos y formicación: la horrible alucinación táctil de insectos arrastrándose bajo su piel. Freud tuvo que presenciar el declive y la muerte de su amigo, una experiencia que lo atormentaría por el resto de su vida.

Este evento, junto con las crecientes críticas de la comunidad médica que comenzaba a documentar casos de adicción y sobredosis, forzó a Freud a una retirada estratégica. Dejó de promover públicamente la cocaína hacia 1887, aunque la evidencia sugiere que continuó usándola esporádicamente para sus dolencias nasales y sinusales durante al menos una década más (Masson, 1985).

¿Una Influencia Oculta en la Teoría Psicoanalítica?

Este es el terreno más especulativo pero intelectualmente fascinante. Aunque Freud nunca lo admitió, varios biógrafos y teóricos sugieren que su experiencia con la cocaína pudo haber servido como un modelo empírico para algunos de sus conceptos más revolucionarios.

El Ello (Id): La experiencia cocaínica es una de desinhibición, euforia y un aumento de la libido. Proporciona un acceso directo a un estado mental donde los impulsos primarios y el principio del placer reinan sin las restricciones del juicio o la moral. ¿Pudo esta vivencia de un «yo» desatado haberle proporcionado a Freud un prototipo para su concepto del Ello, el reservorio de la energía psíquica pulsional?


La Asociación Libre: El método central del psicoanálisis, donde el paciente verbaliza pensamientos sin censura, tiene un paralelismo con el torrente de ideas y la elocuencia que Freud sentía bajo los efectos de la droga. La cocaína pudo haberle demostrado empíricamente que, bajo la superficie de la conciencia, existía un flujo constante de pensamientos reprimidos esperando ser liberados.


El Autoanálisis: El período más intenso de autoanálisis de Freud, que culminó con la escritura de La Interpretación de los Sueños, coincidió con sus últimos años de posible uso de la cocaína y su amistad con Wilhelm Fliess. Fliess, un otorrinolaringólogo, creía en una conexión entre la nariz y la sexualidad. Freud, que usaba la cocaína para sus problemas nasales mientras exploraba su propia psique, se encontraba en la intersección perfecta de estos dos mundos.

El episodio de la cocaína no fue una simple indiscreción juvenil, sino un capítulo fundamental en la formación de Sigmund Freud. Fue una historia de ambición, auto-experimentación, ceguera terapéutica y, finalmente, una tragedia que lo obligó a abandonar su «droga mágica». Aunque públicamente se distanció de ella, la sombra de la «princesa pálida» –como una vez la llamó– se proyecta de maneras complejas y sugerentes sobre el edificio teórico del psicoanálisis.

Comentarios

Aún no hay comentarios. ¿Por qué no comienzas el debate?

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *